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sábado, 15 de octubre de 2011

Organización del mundo.

Según la antiquísima Cosmogonía china, Tcheu, el mundo se organiza en torno a un eje vertical sostenido por el caparazón de una tortuga a la que se le cortaron las patas y de ellas se fabricaron cuatro columnas. Son los cuatro Orientes. Todo debe ser construido de acuerdo a este eje vertical y los cuatro Orientes. Los cuatro Orientes son los cuatro números esenciales; cada uno es representado por un color, un sabor, un tiempo y un tono diferente. El rey que ofrece un sacrificio en cada tiempo de estos Orientes, debe vestirse en consonancia.  El cielo, adornado con cinco piedras preciosas de diversos colores, es la sombrilla cóncava que cubre la tierra. La tierra es cuadrada. Así debe construirse el palacio del rey. En su centro está el eje vertical que será una torre de 9 pisos que a medio día no debe dar sombra. Las habitaciones deben ser construidas así. El palacio real es el centro del mundo. Así China se constituye como el centro del mundo.
Ser el propio país, y la ciudad capital el centro del mundo no es ajeno a las culturas de todos los pueblos. Recordemos Roma con su centro que llamaban “Umbilicus Mundi” (El ombligo del mundo). Lo mismo que construir las ciudades en torno al centro ceremonial es constante en todas las culturas antiguas. Incluso en la cultura actual, el centro religioso o en la secularización el palacio de Gobierno, suele ser el centro de la ciudad. Aunque es verdad que en la cultura relativista consumista actual, los centros comerciales están pretendiendo ser el centro de la ciudad y del mundo. 

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