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martes, 25 de octubre de 2011

Las voluntades de Cristo

"Para percibir la unidad de la teología bíblica y la teología dogmática, de la teología y la vida religiosa ayuda mucho la teología llamada neo-calcedónica expresada por el Concilio Constantinopolitano III".
Para que no se forme un concepto de que Cristo tenga dos naturalezas paralelas, la divina y la humana, se debe siempre insistir en la unidad de ambas. Esto se facilita más al hablar de las voluntades en Cristo. Cristo tiene dos voluntades, la divina y la humana. Las dos voluntades se aúnan por la libertad, de manera que Cristo diga: "No he venido a cumplir mi voluntad sino la voluntad de Aquel que me envió". Aquí habla el Verbo de Dios, "el que ha venido", y habla de "su" voluntad. Esta voluntad que es la humana la afirma como la voluntad del Verbo de Dios que cumple la voluntad del Padre. La voluntad humana y la divina forman una íntima unidad por la libertad, unidad que entra dentro del ámbito de la unidad trinitaria (Jn.6,38). En el Huerto de los olivos, en su agonía, la voluntad humana de Cristo se integra a la voluntad divina y recibe su identidad en una donación del yo al tú divino, al Padre, que es pura relación y acto puro. En esta donación consiste la libertad. Así se deifica el hombre. Al participar de la libertad de Cristo, el hombre se deifica y libera. De esta manera se realiza el profundo cambio en el hombre y su plena dignidad. De hecho, por la voluntad libre se llega a la deificación. La Encarnación tiene lugar cuando la libertad humana une la voluntad humana a la divina. Así la divinización en nosotros consiste en libremente optar por hacer la voluntad de Dios.

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