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martes, 18 de octubre de 2011

Confucio. El Confucianismo.

Confucio vivió del 551 al 479 antes de Cristo e ideó otra interpretación de la cultura china. En su pensamiento hay tres líneas siempre recurrentes: el TAO, el YIN y el YAN, y la analogía entre el Macrocosmos y el Microcosmos. Para el Taoísmo, la armonía resultante no es aplicable en el Microcosmos, en los humanos, esta armonía se realizó en los orígenes, no ahora; en cambio, para Confucio esta armonía se realiza ahora y es la que debe regir todo, en especial todo Gobierno.  Estas realidades se representan y se realizan de una manera mágico-religiosa en el rito. Si el rito se hace correctamente, la armonía se garantiza. Cuando una persona tiene esta armonía pasa a ser noble. Especialmente el gobernante cuyas virtudes son la bondad, el valor y la sabiduría. El gobernante no debe mandar, basta que su conducta se rija por esta armonía y ejecute los ritos correspondientes, así todo se realizará correctamente. El gobernante es como la estela polar que está siempre fija mientras todas las demás danzan a su alrededor. A Confucio no le interesa disertar sobre el Tao que es una creación del TIEN (cielo), ni sobre la vida del más allá, sino sobre el mundo concreto actual. Confucio quiso ser gobernante pero fracasó en la política y se dedicó a la enseñanza. Al fin de su vida pensaba que había fracasado del todo, pero en los siglos posteriores sus alumnos aplicaron su doctrina y fue el Confucianismo la ideología del imperio chino por más de dos mil años.
El valor de la armonía es patente. Otra cosa es que la podamos realizar. La Redención cristiana es el retorno de la armonía. La armonía es el orden, que consiste en la apta disposición de lo igual y lo desigual. Pero cuando lo desigual es el desorden en sí, el pecado en cristiano, se necesita que Dios mismo lo quite. Ésta es la Redención que Cristo nos brinda. En esto consiste el Reino de Dios.

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